sábado, 25 de mayo de 2013

EL NOVIAZGO 3a Publicación



El amor evidentemente tiene su propio rosario de pensamientos obsesivos y su propio ámbito de acción. Si en la cirrosis es el hígado, los padecimientos y goces del amor se esconden, irónicamente, en esa telaraña de nudos y filamentos que llamamos sistema nervioso autónomo. Porque la naturaleza, tras incitar al ser humano a la cópula mediante hormonas contrapuestas a las de la otra mitad de la especie, ha tejido sobre el ritual sexual toda una maraña inextricable en forma de ese dichoso sistema nervioso autónomo. Las cosas ocurren así: en cada una de las vértebras humanas -desde la base del cráneo hasta la punta del cóccix- hay una doble cadena de pequeños nódulos, conectado cada uno a la médula espinal y a su compañero. Desde dichos nódulos parten racimos de nervios que se encuentran de nuevo en una especie de estaciones repartidas por todo el cuerpo. Como en una gigantesca telaraña, estos ganglios están a su vez en contacto mutuo por medio de un sistema de circuitos tan complejo que podría confundir por exceso de información a la red informática más avanzada.


Por otra parte, se sabe que en el noviazgo se dan diversos hechos de suma trascendencia, uno de ellos es el rompimiento, pues debido a que el noviazgo es corto y pasajero en la mayoría de los casos, pronto tendrá que acabar trayendo consigo sentimientos de tristeza, soledad, abandono, entre otros, y hay una razón bioquímica que puede explicar todos estos sentimientos, ya que cuando un ser humano se enamora, su cerebro libera feniletilamina, y al igual que las anfetaminas, esta substancia aumenta la energía física y la lucidez mental, pero al extinguirse las sensaciones del enamoramiento, el nivel de feniletilamina se derrumba, y el cuerpo experimenta una especie de "síndrome de abstinencia", que coincide con el ansia de comer chocolate (rico en feniletilamina) que sienten muchas personas tras romper con su pareja.

Por otra parte, si surgen obstáculos para la relación los sentimientos se intensifican, esto se conoce como el “efecto Romeo y Julieta”, y ésto ocurre porque al percibir la adversidad aumenta todavía más la producción de dopamina en el cerebro, estas tres sustancias están más presentes en unas regiones cerebrales que en otras. A través de la neuroimagen se han escaneados cerebros enamorados y se ha detectado actividad en varias zonas, entre ellas la corteza, pero dos regiones se destacan del resto, el área ventral desmental, la mayor fabrica de dopamina del cerebro y el núcleo caudado; una región muy primitiva de donde emana la pasión, se considera el motor de la mente y su combustible: la Dopamina.

Ambas regiones forman parte del sistema de recompensa del cerebro, una red mental que nos ayuda a identificar recompensas y actuar para conseguirlas, en este caso hace que el enamorado fije su atención en el premio más importante, una pareja, y cuando este sistema se activa, poco podemos hacer.

Integrantes:

Ramírez Vergara Germán
Rueda Martinez Ricardo
Silva Chacón Daniela
3a Publicación

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